04 mayo, 2008

26 de marzo de 1964

Jueves.-

Como encargué que me despertaran a las 7:30hrs, no me quedó más remedio que levantarme a esa hora, bañarme, desayunarme, etc., ya que a las 9:35 hrs se presentó la guía de la Intourist para llevarme al museo del Kremlin; anduvimos errando por el territorio durante algún tiempo; visitamos las iglesias en donde están los sarcófagos de los Patriarcas, en una y de los Zares, en otra; la tercera estaba cerrada.

Al visitar la primera de las iglesias mencionadas "se siente" la época: absolutamente todos los muros y columnas, están materialmente cubiertos con pinturas de carácter religioso (íconos), muchas de las cuales aún están siendo descubiertas, pues las están tapando con capas superiores de barnices.

Se observan asimismo, los sarcófagos de los patriarcas y uno de ellos protegido por una espesa jaula, durante una de las múltiples guerras.

Al fondo están tres, digamos tronos o sitiales:
una era utilizado por el patriarca, el otro por el zar, y el tercero era exclusivo de Juan el Terrible.

En la otra iglesia o capilla, el ambiente es más solemne, pues allí están los sarcófagos de muchos Zares y aún de familiares suyos. (Vi uno del siglo XIV)

Todas las inscripciones están en eslavo antiguo, por lo tanto no comprendí nada, (ni mi guía tampoco). Después nos formamos en una indispensable "cola", a fin de penetrar al museo OpXXXX XXX (sala de armas), por fin entramos y empezamos el recorrido, admirando en primer lugar las armas de la época: espadones de ¡40 kgs! de peso, escopetas rarísimas, cotas de malla, etc., y después una riqueza increíble: armas ofensivas y defensivas, cuajadas de oro y pedrería, en cantidades "industriales", entre éllas: yelmos, sables, mosquetes, fundas de las armas, "carcajs": en resumen, que seguramente daba gusto que lo mataran a uno con esas armas. Y después...
íconos riquísimamente enmarcados, coronas, cetros, tronos, charolas y vasijas de oro (una de éllas pesa 40 kgs), un reloj que es una maravilla: en su parte superior tiene tres águilas en sus respectivos nidos, en actitud de dar de comer a sus aguiluchos; pues cada hora les daban de comer ¡una perla!; el reloj en sí, está un poco más abajo, en el centro de un haz de varillas de cristal radiales, giratorias; y en la parte inferior una especie de cómoda, caja de música, con efectos (mediante varillas de cristal) diferentes para figurar una fuente. ¡Y los regalos de los otros reyes! entre los cuales se encuentra la hermosa vajilla regalada al zar por Napoleón I el día del armisticio.

¡Y el vestuario de Pedro I y de Catalina la Grande, sobre todo! La famosa emperatriz adornaba el testuz de su caballo, con un aderezo que tiene 999 brillantes, arreglados en forma maravillosa; de lo demás ya puede uno tener idea.

Las carrozas magníficas y el vestuario de los curas de aquel tiempo, vaya, cuajado materialmente de oro, perlas y piedras preciosas. Hay una sotana que pesa 22 kgs... Bueno, resultaría interminable el relato de estas maravillas; lo malo es que no se permite tomar fotos; a ver si consigo reproducciones.

Regresé al hotel a comer, dormí la siesta y en la noche (18:30 hrs) fui a disfrutar de un Rigoletto magnífico, cantado en ruso, con un Rigoletto y un Sparafucile de primera; un tenor "a la italiana", solo que con miedo a los agudos (omitió el de Parmi...) y una soprano buena a secas; el coro muy bien, lo mismo que el resto del cuadro; la orquesta y la banda muy bien; el teatro de maravilla... una noche inolvidable; y ahora, es necesario descansar.

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