08 abril, 2008

21 de marzo de 1964

Fui a arreglar con la agencia una visita a toda la ciudad, para la cual me enviaron al hotel a una simpática guía y a un taxi. Visitamos la piscina, el Kremlin (desde afuera), y por el CRGOXXXX XXX fuimos a la universidad Dlopey Hanku, al barrio sur-oeste, de casas-habitación y por el Koxxxxx xxxxx fuimos a otro barrio en construcción en donde pude ver que todavía quedan algunas (muy pocas) casas habitación de madera; de allí fuimos a la piscina abierta y regresamos al hotel.

Es de hacerse notar lo bien vestidas que andan las mujeres, casi todas con abrigos de pieles y sombreros como ya los quisieran nuestras"snobs" asistentes a las funciones de gala de la ópera.
¡Y quién dijo que todas las rusas eran gordas! Hay muchísimas y muy guapas muchachas, tantas que me es imposible decidirme a escoger a una de éllas, rubias, de pelo castaño claro, de pelo negro, con ojos azules, verdes y no sé si hasta rojos y amnaranjados, pues es tanta la variedad, que no he podido observarlas a todas.

Y de las extremidades... bueno... ¡en fin, son todas ellas fabulosas!

Por la tarde me salí a deambular, fui a la xxxxx para comprar música y como es de suponerse, compré Boris Gadunov y algunas arias que no conozco, pero que me parecieron buenas.

Después me aventuré en el metro, por seguir a una hermosa moscovita la cual desafortunadamente se me perdió (no importa, ya seguiré a otra), pero que constituyó el pretexto para subirme a este maravilloso tren subterráneo en el cual llegué al azar hasta en fin de su ruta; me bajé como si supiera donde me encontraba y salí a la calle, en donde me paré muy serio, como esperando un trolebús pero más desorientado que Napoleón en la Candelaria de los Patos, hasta que le pregunté a un jóven cómo ir al Kxxxxx xxxx, y me indicó que tomara el metro de regreso y me pasara hasta la Universidad.

Y he aquí que atravesé todo Moscú por abajo, llegué a la Universidad, pregunté a otro jóven, tomé el xxx 28, me bajé en xxx, le pregunté a una simpática muchacha y llegué con toda felicidad al departamento de los Suárez, quienes no estuvieron. Les dejé un recado con un joven que llegó, acompañado de una fabulosa rubia y salí de nuevo a la calle. Regresé en trolebús a la estación del metro y de allí otra vez hacia XXXX, sólo que me pasé una estación, regresé, descendí del metro y me hice un lío tremendo con escaleras automáticas, pasillos, túneles y estaciones, por más de 30 min, hasta que al fin pude salir junto al xxx xxx. Subí a mi habitación sin ganas de cenar, por lo cansado y me puse a hojear mi música antes de dormir, pero de repente empezó a sonar una alegre música en este piso del hotel, a tan elevado volúmen que me vestí y salí a ver que pasaba:

nada, la abuela que atiende el teléfono estaba feliz escuchando la radio. Al verme me ofreció té (sin azúcar) para desagraviarme, y me puse a platicar con ella (en ruso, claro), hasta que llegó un joven y se sentó junto conmigo a escuchar la música (¡qué remedio!) pero empezamos a charlar en ruso (es de Leningrado), hicimos intercambio de cigarrillos y después escuchamos un concierto por la radio, con del Mónaco y la Tebaldi; y ahora éramos nosotros los que no dejábamos dormir... hasta que a la 1:00 hrs terminó el programa y xxxxxx (expresión en ruso, aún no hallo la forma de bajar fuentes rusas manuscritas).

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